[OPINIÓN] Mayo del 68: libres y sin compromisos

Por: Dr. Francisco Bobadilla Rodríguez, vicerrector académico Universidad Católica San José

Cincuenta años de Mayo del 68, una revuelta estudiantil que dejó revuelta a gran parte de la cultura europea occidental. El epicentro fue París. A nosotros nos llegaron unas ondas más bien débiles. Y si en París se levantaron barricadas y pancartas con eslóganes provocativos, lúdicos, absurdos; en nuestro país, las ideologías de izquierda marxista fueron por otros caminos a los pocos años: los de las armas. En Estados Unidos se puso de moda por aquella época leer a Tolkien y venía a pelo decir: ¡vivan los elfos, mueran los orcos! Nuestro camino fue, lamentablemente, otro: de “la tierra es para quien la trabaja” pasamos al sendero luminoso del fusil en mano. En la década de los setenta, en la que me formé en la secundaria y en la universidad, el pensamiento dominante fue el marxismo. De Mayo del 68, nada; a lo sumo un poco de Marcuse y de los “revisionistas” de la Escuela de Frankfurt.

Vuelvo a Mayo del 68 a propósito de un célebre ensayo de Raymond Aron que se ha vuelto a publicar este año: “La libertad, ¿liberal o libertaria? La Nueva Izquierda y las revueltas del 68”. Este ensayo se publicó en 1969. Aron es un clásico de la tradición liberal del siglo XX, claro en su escritura y en su pensamiento, defensor de la libertad, la tolerancia y, también, un agudo y honesto polemista del pensamiento de izquierda. Aron era ya un consagrado intelectual y profesor universitario cuando se dan las revueltas en París. Fue, asimismo, uno de sus críticos más serenos.

Hacia los años 70, las sociedades capitalistas no eran lo que Marx había vaticinado e, igualmente, las revoluciones marxistas de la Unión Soviética, China y Cuba no fueron resultado de las leyes inexorables de la historia. Aron encuentra en todas ellas un común denominador: líderes portadores de un voluntarismo acérrimo que dirigieron la revolución a espaldas de las estructuras económicas capitalistas que no existían.

Aron recibe el golpe que supone la revuelta de Mayo del 68 al pensamiento liberal y considera que le viene bien el remezón: no bastan las libertades formales, hay que trabajar con el mismo fervor por conseguir las condiciones que capaciten a todos su real ejercicio. No es suficiente predicar el derecho a la educación, es necesario hacer accesible la educación al hijo del burgués y al del obrero.

Mayo del 68 es un buen despertador para una sociedad demasiado satisfecha de sí misma, pero allí queda. Aron critica a los revolucionarios su falta de compromiso. Hay protestas, pero no hay propuestas; derriban todo, mas no construyen nada. Un planteamiento así –continúa diciendo Aron- es “una caricatura de la libertad auténtica, (…) una forma de disimular la anomia que sufren, el miedo a las responsabilidades que el orden liberal impone a todos”. Libertad y responsabilidad se dan la mano.

Fotografía extraída de: RTVE.es

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